martes, 2 de octubre de 2012

Primera locura en Granada

Esa mañana de jueves creo recordar, decidí hacer una locura. Llamé a Loren y le dije que si me acompañaba al centro. Aceptó. Cuando terminé de la universidad, ahí estaba él, apoyado en la puerta de la universidad, fuimos al centro y por fin encontramos la tienda que buscaba.

"EL CANDIL"

Miré precios y muy nerviosa firmé los papeles habiendomelos leido con anterioridad. Entré nerviosa a esa habitación con olor a hospital y a agujas. Tenía ganas de llorar pero era más fuerte, quería hacerlo. La mujer mulata quiso tranquilizarme, me prometió que no me dolería. Noté como mi nariz estaba fría por el hielo, como la mujer mulata me echaba anestesia. Apreté la mano a mi amigo Loren, cerré los ojos y por fin, piercing hecho. Mi querido piercing en la nariz. 

El segundo día de universidad

Esa mañana me levanté con muchas ganas de ir a aprender, quería dedicarle todo mi tiempo a la universidad, tenía ganas de conocer a gente nueva y disfrutar, ganas de volver a sonreir en mi tierra, en Granada. Me hice la comida y me fui a la universidad. El Punky no me guardó sitio y se sentó con un muchacho de Valencia, con una sonrisa enorme me presenté. Acto seguido me senté al lado de una muchacha llamada Bea, la verdad es que no sabía muy bien de que hablar así que empecé preguntando lo típico (de donde eres, como te llamas, que edad tienes, es tu primer año) poco a poco fuimos haciendonos más amigas, poco a poco fuimos cogiendo más confianza y sin darme cuenta ya tenía mi pequeño grupito de amigos de facultad.

Esa tarde-noche llegó Bea, mi compañera de piso,la verdad es que lo necesitaba, tenía ganas de ver caras nuevas y ella me devolvió la sonrisa. Esa noche dormí mucho mejor.

Al día siguiente en la universidad todo fue genial, el día fue lluvioso pero gratificante, las asignaturas me gustaban, no todas pero si la gran mayoría, estaba feliz, solo me faltaba por llegar Andrés, alguien muy especial para mi. Cuando terminé las clases decidí llamarlo y su respuesta fue:

"Ana estoy mala, así que hasta mañana no llegaré al piso" 

Me vine un poco abajo, estaba deseando que llegara, pero me resigné a esperar un día más. Abrí la puerta de la casa y justo cuando iba a abrir la de mi cuarto, alguien salió gritando, era él, Andrés. No pude evitar gritar con él de la emoción, que contenta estaba. Esa noche comimos los tres, David siempre estaba fuera jaja. La verdad es que encajamos super bien, esa noche nos pusimos a comprar cosas en el mercadona y a fregar el piso de arriba a abajo, que risas más buenas echamos... Esa mañana me levanté super contenta, gritando por todos lados, Andrés me acompañaba, los dos riéndonos de todo. Era jueves, así que tocaba ir a la universidad.
Mis padres llegaron sin previo aviso, y con ellos estaba Aitor. Aitor y el Cd de Billy Talent, puaf, me encantó tenerlo al fin entre mis manos, lo besé cuanto pude, y a Aitor también jaja. Estuvimos comiendo todos juntos, le presenté a Bea a mi chico. Pero me tenía que ir a la universidad, llovía, llovía mucho. Me fui corriendo, tenía miedo a llegar tarde. Por suerte acabamos antes la clase. Corriendo, me recorrí todas las calles de Granada hasta llegar a casa y aún estaba mi chico y mi madre. La abracé fuerte, no tenía mucho tiempo. Y le di el último beso, esta vez si, el último hasta dentro de unas semanas, nos miramos y creo que nos lo dijimos todo. 
En la facultad, todo fue aburrido, estaba deseando terminar la clase y poder volver a estar un rato más con los míos. En cuanto la profesora nos dijo que podíamos irnos, corrí más que nunca, corrí como si se estuviera derrumbando todos los edificios a mi alrededor, llegando a mi casa pude observar como el coche de mis padres no estaban, mi cara fue un poema, mis labios tomaron forma de emoticono triste, se habían ido, ahora si de verdad. Cené y me acosté, estaba triste. 

Mi primera experiencia en la Universidad de Granada

Me levanté con energía, la noche anterior había llorado como una niña pequeña. Pero esa mañana me levanté con ganas de comerme el mundo. Sin más dilación comencé a hacer las cosas de la casa, a limpiar un poco y a prepararme para coger el curso con ganas. Eran las 15:40, decidí salir  de casa. Dejé a Aitor en casa, y prometí volver pronto para despedirlo, ya se iba a Lucena.

Mis pasos eran lentos a la par que decididos. Pude observar como había muchos jóvenes como yo, mirandose los unos a los otros, perdidos tanto como yo. Al fin llegué a mi facultad, leí con poca ilusión el letrero "Facultad de Sociología y Ciencias Políticas" me vine un poco abajo, pero sin dudarlo, puse mi primer pié en el edificio. Estaba dentro. Miré los horarios y subí a mi clase. Había mucha gente en la puerta, mirando el móvil, mirando la facultad, pero jamás centraban la mirada en nadie en concreto. Eran las cuatro, entramos, vi que casi todos los sitios ya estaban ocupados. Vi a un muchacho con pintas de punky y decidí sentarme a su lado. Mi voz era temblona, tenía miedo a decir algo que no debía, así que permanecí callada y mirando con detalle a todos mis compañeros. Todos estaban como yo. Entró el profesor de Ciencia Política. Tras presentarnos su asignatura, nos ofreció presentarnos. Cuando llegó mi turno fue algo muy raro, como si el mundo se parara, podía notar mi voz nerviosa como titubeaba y pronunciaba las siguientes palabras:

"Hola, mi nombre es Ana, Ana Escudero. Vengo de un pueblo de Córdoba, Lucena. Yo estudio Sociología porque sinceramente, no he podido optar a estudiar lo que realmente quería y soñaba, Psicología"

Pude ver como la gente se reía y varios repetían "¡Como yo!" eso me hizo sentir más fuerte aún. No todo el mundo estaba allí porque quería, algunos estaban porque no les quedaba más remedio, fue bonito y gratificante a la vez. La clase acabó antes de tiempo, así que corriendo por esas calles plagadas de estudiantes llegué a casa, pude despedirme de Aitor, tuve el tiempo justo como para besarlo, para acariciar sus labios con los míos y volver a marcharme a la universidad. Sabía que esa sería la última vez que lo vería, la última hasta dentro de varios días, semanas, quizás meses. 
Volví a clase, el ambiente fue el mismo. Sin más cosas que resaltar, volví a casa y ya no estaba él, estaba sola, tenía que enfrentarme sola a eso. Decidí acostarme y cerrar los ojos, me tocaba vivir una nueva etapa. 

Perdida en esas calles de Granada con él.

Supongo que esta entrada será la más larga de todas, pero creo que debería resumir un poco mi paso por Granada, mi pequeña Granada.

Llegué el viernes 21 de septiembre. Un día soleado, y con alguien especial a mi lado. Aitor decidió acompañarme en este viaje tan esperado. Tras ordenar todo, mis padres decidieron irse. La verdad es que lo agradecí, tenía muchas ganas de empezar mi vida nueva. Nos quedamos solos mi chico y yo, y mi compañero de piso, David. Cenamos y nos acostamos, estabamos muertos. Las sábanas se llenaron de un miedo extraño, sentía como si mi vida estuviera a punto de cambiar y aún no me hiciera el cuerpo para ello. Esa mañana me levanté un poco desorientada, había dormido fatal, la cama de aquí es horrible.
Mi cuerpo aún se estaba acomodando a la luz de sol que entraba por la ventana. Me giré y ahí estaba él, mi mundo con su cuerpo relajado, descansando.
Sin más dilaciones, decidimos vestirnos y patearnos el centro. Anduvimos por esas calles que me llevan al borde de la locura, pude notar como se dibujaba una sonrisa en mi rostro, pude oler ese olor tan característico de Granada, mi Granada, mi sueño, mi pasión, mi todo.
Decidimos comprar algo de té, yo no podía ser más feliz, era como una niña chica con un caramelo.

Adoro Granada, la adoro.

Mientras vlogeabamos, mi chico y yo decidimos volver a casa, a mi casa, mi nuevo hogar. Esta vez, se prestó a hacer la cena, yo entusiasmada, observé como sus manos iban de un lado a otro, haciendo esa pasta tan rica. Estaba buenísima, me encantó. Yo estaba algo seria, no quería separarme de él y cada vez me iba haciendo más el cuerpo de lo que se avecinaba, nuestra separación "física".
Esa noche fue mágica, decidí vestirme con mis mejores galas para sorprenderlo. Entre besos y caricias, cerramos los ojos a ese último día... pero no fue así, esa mañana nos levantamos como un día normal. Decidimos llamar a unos amigos que estaban por aquí, y dar una vuelta. Copas de martini rondaban por mi habitación, risas y más risas. Ganas de vivir. Lo peor fue cuando Aitor recibió un mensaje en el que se podía leer "Admitido en Cádiz" mi corazón se me hizo añicos en ese momento, mientras que él gritaba de alegría yo me moría por dentro. Él había conseguido su sueño, yo no.
Esa noche, no pude evitar llorar en la cama, demasiadas emociones juntas, me sentía sola, me sentía perdida y con mucho miedo a entrar en la universidad. Lloraba por el anhelo de mi hermana, de nuestras risas en conjunto, de la pesada de mi madre y el serio de mi padre, los echaba de menos, los quería, los necesitaba, quería estar con ellos, gritar que no estaba preparada para vivir sola. Lágrimas calleron durante toda la noche mojando mi almohada. Tenía mucho miedo, demasiado.

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