¿Qué es lo que ha cambiado? Quizás debería replantearme la pregunta a ¿qué no ha cambiado? la esencia ¿tal vez? ¿Acaso deberíamos pararnos y observar como una persona va cambiando en cuanto a mentalidad y a la manera de hacer las cosas? Cuando crees conocer a alguien, quizás puedas sorprenderte y no estar tan seguro de creer como era.
Decides coger el diario de tu vida de hace unos siete años. Lo lees y no eres capaz de sentir orgullo hacia ti. Vas pensando en lo que ha podido cambiar para que ahora no te sientas así. Observas los diferentes acontecimientos que se dieron en tu vida y empiezas a entenderlo mejor. Comprendes que todo pasa por algo, o no, quizás sea una falacia del ser humano para concienciarse y entender los malos momentos. Desde mi punto de vista, las cosas pasan por algo, quizás tengas tú la culpa o no, pero lo que importa es que hay que aceptarlas y no desesperarse por buscarle una explicación que nos exima de la culpa. Habrá que aceptar las decepciones así como el dolor de un amor pasado, y la alegría de una nueva amistad, una cita, una noche loca...
La vida en sí es eso, un eterno cambio hacia mejor, o no. En mi caso sí que he experimentado un cambio hacia mejor. Sigues leyendo en ese diario y ves a una chica insegura y egoísta pero decides adelantar un poco las páginas y observas como todo ha cambiado. Como esa chica insegura se mira al espejo y se pinta los ojos sin temblar. Se viste sin dudar y piensa sin cuestionarse su mera existencia.
¿Qué es lo que ha cambiado me dirás? ¿para qué preguntarse continuamente por todo y no dejarse llevar por el momento?
Dejar de cuestionarse continuamente si algo ha cambiado o no y comenzar a vivir sin preocupaciones, pero eso sí, consecuentemente. La vida está para vivirla.
Y si alguien te pregunta ¿por qué ahora eres así?has cambiado, no eres la misma persona... Lo que yo hago es limitarme a sonreír y a decir "soy una versión, quizás mejorada de mi misma, o quizás no, lo único que importa es que estoy viviendo y soy yo".
domingo, 15 de marzo de 2015
martes, 3 de marzo de 2015
Ha sido un viaje muy difícil
Ha sido un viaje muy difícil. Desde la adolescencia y la universidad hasta la vida adulta. He perdido a muchos amigos. He tenido que decir adiós a personas que pensé que estarían en mi vida para siempre, personas que en las que pensé que podía confiar con los ojos cerrados.
Siempre me digo a mí misma: “¿Son estas personas las que quiero en mi vida? ¿Personas que podrían mentirme, engañarme y hacerme daño? Y de esta manera me recuerdo a mí misma que no perdí nada. Puede que extrañe sus compañías de vez en cuando. Puede que vea algo en la calle que sé que encontrarían increíble y detecte una punzada en mi corazón. Lo admito. Pero ese dolor momentáneo se compensa con el hecho de que, al dejarlos ir, dejé de sentir el sufrimiento que esas personas me provocaban.
Y por eso no voy a darte una segunda oportunidad. Nunca lo haré.
Porque si te doy una segunda oportunidad y la cagas de nuevo, es mi culpa, no la tuya. Y no estoy dispuesta a que eso pase.
Si pasas por encima de mí una vez, la culpa es tuya. Pero si lo haces dos veces, la culpa es mía. La primera vez que una persona te apuñala por la espalda, no pudiste verlo venir… pero la segunda vez, no tienes ninguna excusa. Si perdonas a alguien de haberte engañado y haberte hecho sufrir, sólo vas a invitar a esa persona a hacerlo de nuevo.
No puedo permitir eso en mi vida. No voy a a perdonarte sólo porque tú no me supiste valorar. Puedo vivir con el dolor que viene con que te mientan o engañen, pero no puedo vivir con esas mismas heridas reabriéndose constantemente porque decidí perdonarte.
Porque sé lo que eres capaz de hacer.
Has demostrado que eres capaz de hacer cosas realmente terribles a alguien que supuestamente te preocupa. Has demostrado que eres capaz de hacerle daño a la gente más cercana a ti y no voy a estar expuesta a ese tipo de toxicidad.
Porque cuando rompes el corazón de alguien, realmente nunca sana.
Un corazón roto puede ser reparado, pero ese corazón nunca estará completo, por lo menos no del todo.
Esos malos momentos siempre dejarán cicatrices. Si eres una persona que se suma a esas cicatrices… Nunca te voy a dar una oportunidad de hacerlo de nuevo.
Porque no tiene sentido perdonar a alguien, cuando realmente no voy a poder olvidar.
Como la mayoría de las mujeres, tengo una excelente memoria. Una mujer no olvida las cosas, sobre todo cuando esas cosas implican ser traicionado. Dicen que hay que perdonar y olvidar. A la mierda eso, nunca voy a olvidar lo que me hiciste y, por lo tanto, no voy a perdonarte.
No te voy a dar una segunda oportunidad, porque no te la mereces.
Porque merezco primeras oportunidades, no segundas. Y sé que hay alguien ahí afuera esperándola. Alguien que sabrá valorarla.
Y ese no eres tú.
Fuente:
S.N (s.f) descargado de http://www.upsocl.com/mujer/por-que-no-te-voy-a-dar-nunca-una-segunda-oportunidad/
miércoles, 25 de febrero de 2015
Recuerdos
Mirada
perdida, en otro lugar, otro momento. Suspiros mil y el corazón dividido en
dos. Aún podía sentirte, aún conseguía cerrar los ojos y notar tus labios en mi
piel, tus brazos rodear mi cintura y tu aliento acariciar mi nuca.
- Por favor,
di algo o me vas a perder.
Silencio. Silencio
demoledor. El jarrón de cristal estalló contra el suelo, consiguiendo que sus
múltiples cristales rotos lo llenasen en un infierno letal. Las lágrimas caen
lentamente, me arrodillo e intento coger aire, el corazón se me ha parado, no
sé qué hacer. Es una sensación desgarradora. Me asfixio. Mis ojos se cierran
empapados en lágrimas, de repente me veo desnuda en un mar de lágrimas y
cristales rotos, además de un corazón dividido en dos.
La angustia se apodera
de mi, me siento desprotegida... tanto que creo que no volveré a ser yo
nunca más. Pero es cuando escucho una voz de fondo, una voz familiar, consigue
levantarme y abrazarme. Mi estado es deplorable, lamentable, patético.
Me mete
en la ducha, deja que el agua caía por mi cuerpo muerto, y me quedo
profundamente dormida.
Cuando mis ojos se vuelven a abrir estoy en un lugar
diferente, la miro e intento pensar qué es lo que estaba pasando. Solo fue una
pesadilla, la gran pesadilla del pasado, el pasado doloroso. Me sentía
protegida, con mi té entre mis manos, me senté en la cama y comencé a leer, la
historia de mi vida, sin preocuparme por nada más. Notaba aún un dolor en el
pecho, pero ya no me ahogaba, ya estaba todo mucho mejor, tenía la mejor compañía.
Me levanté y anduve por mi casa ataviada con una vieja camiseta y los pies
desnudos tanteaban el frío suelo de mi casa. No pude evitar sonreír y poner
música. Dejarme llevar por ella y no pensar, dejar la mente en blanco.
Con mi té aún en
las manos, me dirigí hacía la ventana y miré al cielo, respiré hondo, aún me
dolía el corazón pero podía soportarlo, al menos por ahora. Decidí sentarme en
el suelo y cerrar los ojos, dejarme llevar por la música y soñar.
lunes, 16 de febrero de 2015
El vestido rojo
No sé por donde empezar, no sé exactamente qué es lo que quiero plasmar hoy aquí, lo único que tengo claro es que necesito que mis dedos fluyan al ritmo de una canción suave y llena de emociones.
Paseaba con su vestido rojo por mitad de la calle, no podía dejar de mirar a su alrededor,
Paseaba con su vestido rojo por mitad de la calle, no podía dejar de mirar a su alrededor,
se sentía desprotegida, quizás hacía demasiado frío para llevar ese vestido,
aunque en el fondo,
no le importaba.
Andaba por aquellas estrechas calles sin dejar de sonreír.
Fue entonces cuando tropezó y se calló.
Nadie se acercó para ayudarla.
El vestido se volvió marrón.
Tras unos minutos de desesperación al ver la pasividad de las personas que la vieron en el suelo,
se levantó.
Llegó a casa y se quitó el vestido.
Enojada decidió que la mejor opción sería tirarlo a la basura.
Y eso fue lo que hizo.
La luz entró por su balcón a la mañana siguiente.
Ahí estaba, en la basura, manchado.
Tras observarlo pensativa, pensó que no debía ser ese su destino.
Lo recogió de la basura y lo metió en la lavadora.
Al día siguiente, decidió pasear por las calles de Granada,
decidió escoger su vestido favorito, el rojo. Y se dio cuenta de algo...
No importa si se mancha una y otra vez, porque es lo que lo hace especial de una manera u otra.
Era feliz con ese vestido y estaba segura que la próxima vez que se lo volviera a poner, nuevas aventuras y desventuras la acompañarían.
Ana Escudero
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

